Las historias de Milagros.
A mí, cuando era joven, me gustaba mucho ir a la lucha y, como era pequeña, mis padres no me dejaban ir sola. Iba con una amiga y su marido. A él le gustaba tocar la guitarra y, cuando se terminaba la lucha, se ponía a tocar hasta la madrugada. Entonces, mi madre se enfadaba y me decía que no me dejaba ir nunca más . Pero a la semana siguiente, me dejaba ir otra vez para el norte, La Punta, Tegueste, Las Carboneras y para todas partes. Eso pasaba, porque yo le decía que no le cuidaba más las vacas ni las cabras.