LA SILLA DE GÓNGORA

 Silla, cetro de mi sosiego


Silla, cetro de mi sosiego

Oh, mueble, trono de mi humilde ser,

que en tus brazos de madera me acoges,

y en tu asiento de espuma, cual mar, me sumerges

 en un sueño de seda y de placer.

Tu respaldo, cual arco iris que se despliega,

 me brinda un arco donde descansar,

 y tus patas, cual raíces que se agarran,

me anclan a la tierra, cual náufrago en la ribera.

Tus brazos, como dos amantes que se abrazan,

me cercan y me envuelven en su calor,

 y tu asiento, cual lecho de coral,

 me invita a reposar y a olvidar el dolor.

Eres, oh silla, mi confidente fiel,

mi camarada en noches de insomnio y pena,

 mi trono en horas de triunfo, mi condena 

en días de tristeza, mi bien querer.

Así, pues, silla, te ensalzo y te bendigo,

 por ser mi compañera en este breve andar, 

y por permitirme en ti, mi alma descansar,

mientras el tiempo pasa y el mundo se desliga.

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