AMARO PARGO, corsario lagunero.
  


¿Quién no ha escuchado alguna vez algo sobre el tesoro escondido por un pirata en la Punta del Hidalgo? 
¿Es cierto o es leyenda? 
Vamos a conocer algunos datos más sobre nuestro corsario, que no pirata, que tanto hizo por su ciudad y sus habitantes siendo comerciante, marino, corsario, capitán, prestamista, benefactor, noble, terrateniente, devoto...y que merece un reconocimiento por la importancia que tuvo su vida y su obra en nuestra sociedad.


Amaro Rodríguez Felipe de Barrios Machado Lorenzo de Castro y Núñez de Villavicencio, de todos conocido como Amaro Pargo, nació el 3 de mayo de 1678 en La Laguna, en el Tanque de Abajo, un poco más arriba de la ermita de San Cristóbal, hoy Plaza de La Milagrosa.
Pargo lo toma prestado de su bisabuelo materno Bernabé González Pargo, de origen palmero.
Tuvo siete hermanos. De niño estudiaba en la espléndida biblioteca privada que poseían los padres dominicos en el Convento de Santo Domingo de Guzmán, muy cercano a su casa, que sólo era visitada por personas de prestigio o con autorización, y que él solía frecuentar gracias a que dos de sus tíos allí se hospedaban, por lo que pudo leer de todo, estudiar mucho y prepararse para su futuro.

Siendo muy joven se convirtió en dueño y capitán de la fragata Ave María y Las Ánimas entre otras embarcaciones. Amaro era un hombre de férreas y cristianas convicciones, fiel a sus ideales, a su familia, a su patria, con gran instinto de superación, supervivencia y protección por los más desfavorecidos, lo que lo convirtió en un poderoso hombre de negocios.
Conociendo esto, no es de extrañar que el primero de los Borbones, el rey Felipe V, le facilitara una patente de corso: permiso para atacar, abordar y/o capturar la mercancía de los barcos contrabandistas, bandidos o de naciones enemigas de España, a cambio de parte de la mercancía o una cantidad de dinero. 

Gracias a esto y a sus conocimientos, a su honradez y a su generosidad, viajó por medio mundo comerciando con malvasías de Tenerife, tabaco, cacao o caña de azúcar, a cambio de otros productos que traía de vuelta a la península y las Canarias. En uno de sus frecuentes viajes por el Caribe, en Cuba conoció a la que fuera el amor de su vida, la noble Josefina María Valdespino y Vitrián, con quien tuvo un hijo: Manuel de la Trinidad Rodríguez, a quien quiso brindar su misma educación en la ciudad de Aguere, pero Josefina, que siempre había gozado de una vida acomodada y grandes lujos, no quería abandonar La Habana, ni a su familia, y mucho menos que el corsario se llevara a su hijo a Tenerife. Esta diferencia de opiniones supuso el doloroso fin de la relación. Aunque a Manuel nunca le faltó el sustento por parte de su padre.
Volvió a ser padre de otro hijo, Juan Rodríguez Felipe, con una mujer casada, lo apadrinó y mantuvo mientras vivió, pero murió con las ganas de haber ejercido de padre como marcan los cánones, cosa que lo entristecía.

Otra relación que le marcó mucho en su vida y de todos conocida, fue la amistad espiritual que mantuvo con Sor María de Jesús, la siervita de Dios, a quien tuvo la suerte de conocer porque tres de sus hermanas eran religiosas en el Convento de Santa Catalina de Siena. Era su confesora, protectora y como una madre para él, por eso, a su muerte y como agradecimiento, mandó fabricar el sarcófago donde aún reposa el cuerpo de la religiosa de El Sauzal milagrosamente incorrupto y que podemos ver cada 15 de febrero en el convento. 

Viento en popa y a toda vela con sus negocios, logró amasar una buena fortuna que le permitió comprar viviendas y tierras por distintas zonas de nuestra isla. La más conocida es la Casa de Amaro Pargo o Casa de los Mesa en Machado, municipio de El Rosario, situada en un alto privilegiado que le permitía observar el mar desde la punta de Anaga hasta la zona de Güímar. Esta casa fue declarada de Bien Interés Cultural en 2003, por lo que cuesta creer que en la actualidad esté en ruinas, abandonada, deteriorada y masacrada por los que acuden allí con pico y pala en busca del tesoro escondido. Pertenece a sus herederos, la familia González de Mesa.
Cuando residía en La Laguna, vivía en una casa de la calle de los Mercaderes o calle Real, hoy San Agustín. Pero de entre todas sus viviendas, su preferida era La Miravala, en Tegueste, que solía ser su residencia veraniega.

La ciudad de La Laguna le debe muchas obras al corsario, calles, templos, figuras religiosas, fiestas que costeaba, restauraciones, donaciones... Poseía tanta fortuna como generosidad, y no permitía ver a nadie pasando calamidades. Debe ser por eso que lo llamaban "el pirata bueno".

Tras años de viajes, aventuras y trifulcas hasta con el mismísimo Barbanegra y buenas relaciones con sus amistades, Amaro Pargo regresó a Tenerife definitivamente en 1724. Se dedicó a seguir ayudando y colaborando con su entorno, cuidaba sus huertos, sus queridas viñas y disfrutaba de los placeres de la vida con su familia y amigos, a los que nunca les faltó de nada.
Mandó abrir una calle en La Laguna, que sale de frente al Convento de Santo Domingo, hoy Obispo Ruiz Cabal y en un lateral de la Plaza del Adelantado, existió el callejón Don Amaro, en su honor, hoy denominado Camino a San Roque. 

Con 69 años cayó enfermo y al morir, el 4 de octubre de 1747, fue enterrado en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, donde se formó y donde dejó gran parte de su fortuna construyendo altares, encargando figuras y cuadros religiosos, y sus restos reposan a la entrada bajo un sepulcro que luce el escudo familiar y una calavera nos guiña un ojo.


Su fortuna, compuesta por joyas de oro, plata labrada, cuadros y porcelanas chinas de valor incalculable, además de sus pertenencias inmobiliarias y terrenos de cultivo, entre otras cosas, las dejó en herencia a sus familiares. 
La leyenda apunta a que un tesoro escondido aguarda en la cueva de San Mateo, en la Punta del Hidalgo, sólo accesible cuando baja la marea. ¿Será verdad?
Yo creo que el mayor tesoro que nos dejó este corsario lagunero fue la generosa huella que dejó en la ciudad que le vio nacer y que le debe un justo reconocimiento.

(Datos extraídos del libro Amaro Pargo: Fe, amor y raíces, de Alfredo López Pérez, "Isoko", Algani Editorial, 2020. 
 La imagen de Amaro Pargo pertenece a Ubisoft Entertainment.)










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