La silla de Bécquer
La Silla Solitaria
En umbral oscuro, cual fantasma errante,
una silla vacía, testigo mudo,
guarda el eco de risas y lamentos,
de amores idos, sueños ya extinguidos.
Su espalda curvada, cual alma cansada,
ha visto pasar generaciones enteras,
ha sido confidente de penas ocultas,
de secretos susurrados entre sombras.
Sus patas de madera, gastadas y lisas,
han soportado el peso de alegrías y tristezas,
de cuerpos que se han ido, de almas que han partido,
dejando en su asiento huellas imborrables.
Oh, silla solitaria, testigo fiel,
de tantas historias que el tiempo ha sepultado,
¿cuántos sueños has visto nacer y morir?
¿cuántas lágrimas has secado en silencio?
En tu soledad, guardas un tesoro oculto,
la esencia de los que en ti se han sentado,
un alma antigua, llena de recuerdos,
que en la penumbra, sigue palpitando.
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